EL CABALLO (generalidades)

ANTECESORES DEL CABALLO

Los testimonios de la paleontología y de la historia hacen re­montar a los albores de la humanidad la relación entre el hom­bre y el caballo, desde entonces un servidor fiel del hombre. Antes de que se decidiera a atraparlo con propósitos de domesti­cación, el hombre le dio caza para alimentarse, como lo demuestran las pinturas rupestres, los vestigios encontrados en los palafitos y la enorme acumulación de esqueletos depositados al pie de abruptos acantilados, por donde, seguramente, los obligaba a despeñarse.

  Los más remotos antecesores conocidos, a partir del género fósil Eohippus (en el eoceno), que tenía cuatro dedos y las dimensiones de una liebre, se difundieron desde América del Norte.
Se fueron extinguiendo lentamente, y el actual género Equus apa­rece sucediendo a su inmediato antecesor, el Pliohippus (en el plioceno), que ya tenía el tamaño de un asno.
  El caballo, según lo han demostrado los investigadores, fue domes­ticado simultáneamente por pueblos muy distintos, como eran los que habitaban el Asia Central, el norte de África y el sur de España. En Dzungharia, en el centro de Asia, queda todavía el único équido en estado salvaje: es el kertag o caballo de Przewalsky (Equus przewalskii). Esta especie fue descubierta en el siglo XIX.


POTRILLO Y POTRO

Desde que nace hasta el momento en que desaparecen sus últimos 'dientes de leche" (o sea entre los tres y los cuatro años), el yeguarizo se denomina potrillo (o potranca, según el sexo).
Potro es el animal yeguarizo no domado. Como la doma, según sea el animal de tiro, de silla o de carrera, se comienza a veces a los dos años (animales de carrera), tanto puede dejar de ser potro a los dos ños y medio, como seguir siéndolo con bastante edad, si nunca se lo domó. Como puede apreciarse, esta designación no pretende, en modo al­guno, determinar una edad precisa, sino un estado en la formación y desarrollo, en el animal, de las cualidades útiles para el hombre.


HERRADURA

En épocas muy anteriores a nuestra era la protección de los cascos del caballo se realizaba recurriendo a envolturas de cue­ro fuerte. Posteriormente, es la herradura, pieza semicircular de metal sujeta por cla­vos a la caja córnea, la que dio al casco protección más eficiente. La herradura me­tálica (de cobre, hierro o aluminio) además de preservar mejor las partes sensibles y las zonas de desgaste, es un instrumento de corrección, pues muchos defectos del casco se enmiendan mediante el herraje.