Características de los moluscos

LOS MOLUSCOS
CON el nombre de moluscos (del latín "molluscus", de "mollis", blando), la Zoología agrupa a animales de muy diverso aspecto, tamaño y organización, que tienen, no obstante esa disparidad, los siguientes caracteres comunes: carecen de miembros articulados; el cuerpo no es segmentado; la piel es delgada y sensible, lo que los obliga a vivir en el agua o en ambientes muy húmedos; carecen de esqueleto interno (endoesqueleto) y externo (exoesqueleto); poseen un repliegue cutáneo, el manto, cuyo epitelio segrega sustancias capaces de formar una cascara, concha o caparazón protector. Tienen simetría bilateral, en algunas especies alterada por torsión; realizan la locomoción mediante una masa musculosa, el pie, situado, en algu­nas especies (caracol, babosa), en la cara ventral, y en otras en la cabeza (embudo y brazos de los cefalópodos).

Dentro de la gran cantidad de especies que integran los moluscos (alrededor de 100.000), encontramos formas muy curiosas, resultado de notables adaptaciones, como sucede con los cefalópodos de la fauna abisal, con órganos luminosos y ojos descomunales; bi­valvos gigantescos en los mares tropicales (Tridacna gigas), que pesan varios centenares de kilogramos y alcanzan las dimensiones de una rueda de carro; impresionantes octópodos (pulpos) que pue­den enfrentarse con sus naturales enemigos, los grandes cachalotes, y los diminutos gusanillos terebrantes (Teredo navalis), capaces de hundir un barco o destruir un muelle, construidos con madera bien dura.

Además, no obstante llevar muchos de los moluscos una vida completamente se­dentaria y merecer por su conforma­ción el nombre de acéfalos (sin cabe­za ) —detalles que nos sugieren la idea de seres poco menos que inertes— no sólo asombra el ingenio y eficien­cia de sus recursos defensivos, si­no que, desde remotísimos tiempos, aportaron al hombre elementos ali­menticios (caracoles, ostras, almejas, calamares, mejillones) y también ma­teriales para la industria (nácar, púr­pura, perlas, etc.).

Dentro de esta variedad de molus­cos, distinguimos, en las diferentes es­pecies, las siguientes características morfológicas:
El pie. Es el órgano de la locomo­ción. Consiste en una masa musculosa que varía de forma según la especie:
en los gasterópodos (del griego "gaster", estómago, y "podes", pies), tie­ne generalmente el aspecto de una suela aplanada y ancha, y está ubica­do, como lo indica el nombre de la clase zoológica, en la cara ventral; en los lamelibranquios (del latín "lam-lla", laminita, y "branchia", bran­quia) el pie semeja la hoja de un ha­cha; y en los cefalópodos (del griego "kefale", cabeza, y "podes", pies) se observa la mayor transformación, y el pie forma en ellos embudo y brazos.

Los artrópodos tienen un esqueleto externo.
En su forma adulta, algunos molus­cos, como las ostras y las almejas, carecen de la facultad de locomoción. El manto. Es un doble repliegue cu­táneo que envuelve casi totalmente las visceras del molusco. Su epitelio se­grega las sustancias que forman la cascara protectora en algunas espe­cies. Entre el manto y el dorso existe una cavidad (cavidad paleal) que alo­ja los órganos respiratorios. La mayor parte de los moluscos respiran por branquias, pero existen especies que respiran directamente el aire atmos­férico (pulmonados). La casi totali­dad son ovíparos.

 
 
 

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