¿Cómo se forma una colonia de hormigas?

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FORMACIÓN DE UNA COLONIA DE HORMIGAS

Las hormigas viven en casi todas partes: en desiertos y prados, en bosques y montañas, a la orilla del mar, en los pueblos y en las viviendas del hombre. Sus hogares varían desde galerías y cámaras excavadas en el suelo hasta nidos construidos en tocones ahuecados. Algunos, he­chos con material semejante al papel, están suspendidos de los árboles.
   Una colonia de hormigas puede estar forma­da, ya sea por una reina solitaria o por varias juntas. Antes del vuelo nupcial, o apareamiento, cada reina almacena en su cuerpo inmensas re­servas de energía. En el día señalado, que varía según las diferentes especies, los machos alados y las reinas enjambran juntos. El apareamiento se produce durante el vuelo o al final de éste. Es el único vuelo de la reina. Al volver a tierra estará pronta para comenzar sus obligaciones de ponedora de huevos.
   Una vez terminado el vuelo nupcial, los ma­chos buscan refugio bajo las piedras, la leña menuda o las hojas caídas. No hacen ningún esfuerzo para volver al hormiguero. Aun cuan­do sobrevivan al ataque de sus enemigos natu­rales, mueren en pocos días.
   Cuando la reina regresa del vuelo nupcial es rodeada por hormigas obreras de su propia especie, que la escoltan hasta su correspondiente nido, y se convierte en miembro de una colonia completamente desarrollada.
   Con frecuencia, sin embargo, la joven reina debe fundar su propia colonia. Primero se des­prende de las alas y busca un refugio apropia­do: debajo de una piedra, un palito o simple­mente un hoyo en el suelo. Excava hasta lograr una cueva con una cámara al fondo. Entonces bloquea la entrada y durante un período con­siderable descansa tranquilamente, aislada del mundo exterior. Los músculos de las alas se deshacen gradualmente y se convierten en nú­cleos de grasa que habrán de proporcionar energía.
   Finalmente, la reina comienza a poner hue­vos, y en un plazo relativamente corto aparecen las primeras larvas. La reina es una madre abnegada para la primera generación de su pro­le. Introduce saliva, que contiene cuerpos gra­sos, en la boca de las pequeñas larvas, y estas crecen rápidamente. Si su provisión de comida faltara, la reina puede incluso comerse algunos huevos y larvas para mantenerse a sí misma y al nido. Si el apareamiento se produce a fin del verano, el tiempo frío llega mientras la cría es muy joven. Entonces la reina y sus larvas hiber­nan hasta la primavera.
   Mientras las larvas de ciertas especies son pequeñas, hilan capullos y, dentro de estas en­volturas, se convierten en ninfas.
   Cuando cada ninfa madura, la madre la libera del capullo. Es ahora una obrera pequeña, pero perfectamente formada. En ciertos grupos de hormigas la larva no hila capullo, y la ninfa está desnuda.
Las obreras de la primera generación se abren camino hacia la superficie y van en busca de comida, que llevan a la reina. Ésta se halla en un estado bastante lamentable por haber ali­mentado a la cría con sustancia de su propio cuerpo. Pronto recupera las fuerzas y prosigue su tarea de poner huevos. Gradualmente, las obreras se hacen cargo de cuidar a las crías. Con el tiempo, la reina se convierte en una especie de máquina ponedora, y las obreras le meten en la boca alimento que han regurgitado del propio estómago.
   Con el paso del tiempo, las obreras se vuel­ven más numerosas y más grandes. Los solda­dos hacen su primera aparición poco después de que la reina ha fundado su colonia. Por último, se presentan en escena nuevas reinas. Las obreras son las que realizan el trabajo esen­cial de la colonia. Una y otra vez pueden tras­ladarla a un lugar más conveniente. Llevan su reina ponedora, obreras inmaduras, larvas y nin­fas al nuevo emplazamiento. Aunque la mayoría de las obreras es estéril, alguna puede poner huevos, que originan una cría de machos o de obreras.