Uapití


Universo animal | Uapití | mamíferos | El nombre de uapití es el que los nativos de América del Norte daban a un ciervo parecido a los de Europa, aunque de mayor alzada, que pertenece al grupo de los ciervos rojos de las regiones septentionales, de esbelto aspecto y de mayor alzada que los comunes; tiene casi la de un caballo, y dentro de la familia de los ciervos, sólo es superado por el alce. Vive en Norteamérica y Asia. Los uapitíes de Norteamérica son los más bellos y los mayores de todos ellos; llegan a veces a tener un peso de más de 400 ki­los. Sus astas son cilin­dricas y muy ramosas; miden en algunos casos más de metro y medio; están erguidas y sepa­radas una de otra más de un metro, y en los ejemplares más hermo­sos, hasta 1.75.
   La cabeza, el cuello y el pecho son de color castaño obscuro; el resto del cuerpo, de color pardo claro o ante, excepto una gran mancha en las nalgas, de color blan­co. La hembra del uapití no tiene cuernos y pesa de doscientos cincuenta a trescientos kilogramos.
   Antaño, los uapitíes estuvieron muy extendidos por los Estados Unidos y Canadá. Los cazado­res solían matar miles de ellos para aprove­char su carne. Hoy día, bajo la protección de las leyes de caza, su número aumenta de nuevo. Se encuentran en pequeños grupos, y algunas veces, en grandes rebaños, en aquellos lugares en donde existen buenos pastos. Cada grupo es conducido por un macho viejo. Las luchas entre los machos en la época del celo o de la brama, durante el otoño, son extraordinariamente encarni­zadas. En esta época, el uapití macho que dirige el grupo reta a sus rivales por medio de su potente bramido, que se oye como un grito violento y estridente, el cual recuerda a la trompeta y comienza por un tono agudo para terminar en un bramido parecido al del ciervo de Europa. Cuando se presenta el uapití rival, los dos machos se sitúan a una distancia de unos seis metros, escarban la tierra y se lanzan uno sobre otro. Estos encuentros se repiten una y otra vez du­rante mucho tiempo, hasta que el más dé­bil suele caer, si bien rara vez muere; lo que sucede con frecuencia es que los cuernos de los dos conten­dientes quedan unidos de tal manera, que les resul­ta imposible soltarse, y acaban en muchos casos am­bos adversarios murien­do por inanición.
   En marzo, los uapitíes machos pierden sus cuernos, pero con los potentes cascos que tienen en las patas delanteras, pue­den defender a su ma­nada de los ataques de los lobos, del puma y de los osos. En los me­ses de mayo o junio, cada hembra suele dar a luz uno o dos cervatos, y a veces, tres, adorna­dos de manchas blancas. Durante este tiempo, los cuernos de los machos crecen de nuevo, y la lucha continúa en la es­tación siguiente.
   Estos ciervos viven lo mismo al nivel del mar que en las altas montañas. Los primeros colonizadores los llamaron impropiamente alces, nombre con que algunas veces se les designa todavía hoy. Durante mucho tiempo, fueron los animales de caza más ex­tendidos en América del Norte, desde el norte de México hasta la bahía de Hudson, y desde el Atlán­tico, al Pacífico.
   El uapití de América se encuentra aún en el Ca­nadá, Wyoming, Colorado y en las fragosidades de la parte septentrional de las Montañas Rocosas. En el refugio del Parque de Yellowstone, se calcula que viven unos 40.000.
   El uapití prospera fácilmente en cautividad. Es excelente nadador. En el verano, cuando lo acosan los mosqui­tos, se zambulle en el agua y nada con singular maestría.
   El nombre científico del uapití es Cervus canadensis; en California, hay una especie enana deno­minada Cervus nannodes; el uapití asiático o subra es el Cervus xanthopygus, de la región de Ussuri. Son rumiantes de la familia de los cérvidos y del orden de los artiodáctilos.