La ingeniería animal

Si estuviéramos en una clase de diseño e ingeniería industrial sería difícil concebir algu­nos de los modelos de tecnología avanzada que nos presenta el zoológico de la naturaleza.

Veamos algunos ejemplos:

Murciélagos: Evitan obstáculos y atrapan insectos mediante un sofisticado sistema de sonar biológico que interpreta el eco de los sonidos ultrasónicos que ellos mismos emiten, cuando rebota en los objetos de su entorno.

Tiburones: Tienen células espe­ciales en el cerebro que los hace sensibles a los campos eléctricos que generan otras criaturas. Esta capacidad, muy refinada en algunos tiburones, les permite encontrar a los peces que se esconden bajo la arena. Detectan las débiles señales eléctricas que sus presas emiten cuando contraen los músculos.

Boas y serpientes venenosas: Sus órganos sensi­bles a la temperatura, localizados entre los ojos y los orificios nasales, les permiten detectar el calor corporal de su presa. Tienen dos instrumentos de esta naturaleza, uno en cada lado de la cabeza, para percibir la dimensión de profundidad y atacar con eficacia mortal incluso en la oscuridad más completa.

Aves migratorias: Emplean el campo magnético de la Tierra para mantener el rumbo durante largos vuelos. Los científicos no saben exactamente cuál es el me­canismo. Un estudio reciente sugiere que los pájaros podrían tener una especie de experiencia de la sinestesia (entremezcla de distintos sentidos que permitiría, por ejemplo, oler el color). Esta capacidad les haría 'ver' las líneas magnéticas del planeta como patrones de color o luz sobreimpuestos en su entorno visual.