La alimentación del cárabo común

   La comida del cárabo común (Strix aluco) consiste en pe­queños mamíferos, especialmente musarañas y ratones de campo, aunque cacen asimismo ra­tones topo, gazapos y lebratos, ratas e incluso comadrejas, armiños, avecillas cantoras y tam­bién otras mayores, como pájaros carpinteros, cernícalos, palomas y ejemplares de corral. Los cárabos comunes viven bien en los suburbios de las grandes capitales donde se alimentan principalmente de gorriones caseros. Con frecuencia los cárabos devoran también peces, ranas, tritones y caracoles, así como gusanos e insectos a falta de ratones y musarañas. Como otras aves rapaces presentan la particularidad de que lo que no pueden digerir lo expulsan posterior­mente en forma de bolas, denominadas egagrópilas; así sucede con los huesos, pelos y plumas que el animal regurgita después de la comida. Inclinándose mucho, abre desmesuradamente el pico y parece acometido luego de violentas convulsiones, cuyo resultado es la expulsión de una bola gris de 5 cm o más de longitud por 2,5 cm de diámetro.
   El cárabo común caza principalmente va­liéndose de su sentido del oído, aunque sus grandes ojos se hallan perfectamente adapta­dos para la visión nocturna. Muchas veces du­rante el día, sigue de oído los movimientos de un agresor potencial; con los ojos cerrados vuelve la cabeza en perfecta consonancia con los desplazamientos de aquél. Le es posible im­primir a la cabeza un movimiento casi circular, sin necesidad de mover el cuerpo. Si es nece­sario, el cárabo común golpea con sus alas y patas las ramas que ocultan a otras aves más pequeñas de las que pretende hacer presa, y para ello permanece a menudo suspendido en el aire con rápido aleteo sustentador.
   Si un pequeño murciélago revolotea en busca de alimento sin saber que un cárabo común lo observa desde lo alto de una rama, es probable que no vaya muy lejos, porque, rápido y silencioso, éste caerá sobre él para capturarlo.
   Cuando un cárabo tiene la audacia de mostrarse en pleno día, una nube de pájaros, perdices, y las más diversas clases de aves, revolotea a su alrededor chillando agresivamente, y atormen­tándole tanto como sea posible. Es curioso observar el motivo por el que estas aves adop­tan tal comportamiento; según parece, inten­tan vengarse así de todos los peligros que el cárabo común les hace correr durante la noche, tanto a ellas como a sus polluelos.

 
 
 

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